Diciembre 2015 Senderos Y Rutas Por Granada - Ropa de Monta√Īa y Senderismo
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Se trata de un trayecto de dificultad media alta que da comienzo en Cumbres Verdes y termina en Dílar. La distancia cubierta se situó en torno a los 24 km.
Amanece una vez m√°s fresco pero con sol en este diciembre nada invernal, m√°s bien oto√Īo seco que perdura seg√ļn pasan los d√≠as. Nosotros aprovechamos el autob√ļs que parte de Granada y nos deja en Cumbres Verdes para dar inicio a la excursi√≥n del d√≠a. Siguiendo el camino llegamos pronto a las cercan√≠as de la Fuente del Hervidero, con su merendero aleda√Īo, y algo despu√©s hasta el lugar de aparcamiento de coches donde se inicia la ruta del Canal de la Espartera, el paseo hacia la Boca de la Pesc√° y otros itinerarios. En nuestro caso, iniciamos en ese punto el descenso hacia el R√≠o D√≠lar.
Boca de la Pesc√°.
Poco a poco nos van rodeando las monta√Īas, con el macizo de los Alayos como principal hito en una direcci√≥n, y la Boca de la Pesc√° en la otra. A lo lejos alguna cabra se aleja al escuchar nuestros pasos.
El sendero por el que vamos a continuar descendiendo se torna en cierto momento algo complicado, angosto y lleno de tierra y peque√Īas piedras de las que se desprenden al pisar. Se trata de un tramo que en condiciones meteorol√≥gicas adversas tras un buen chaparr√≥n puede resultar dif√≠cil de transitar. Incluso son el buen tiempo requiere cuidado.
Continuamos y pronto llegamos al cauce del R√≠o D√≠lar, al que acompa√Īaremos un buen rato siguiendo sus frondosos m√°rgenes.
Varios pinos caídos en el sendero se convierten en improvisadas puertas algo misteriosas.
Toda esta parte de la excursión es especialmente bonita. Vegetación abundante típica de río, imponentes moles de piedra que asemejan en ocasiones torres fortificaciones construidas por el viento, diversas plantas algo desconcertadas, sin saber si toca ya florecer el tiempo se ha vuelto loco, el constante arrullo del río…
A ver si alguien me sabe decir el nombre de esta planta cuya flor se asemeja al algodón y que suele encontrarse agarrada a otros árboles.
Resulta muy recomendable llevar unas botas de las que no permiten el paso del agua y un bastón palo en el que apoyarse para poder cruzar el río Dílar, cosa que habremos de hacer al menos en cuatro cinco ocasiones.
Uno de los muchos momentos en que hay que atravesar el río Dilar.
Y otro de esos momentos.
No lejos de la Central Eléctrica atravesamos un puente, algo escondido, y nos dirigimos al Barranco de la Rambla Seca.
Barranco de la Rambla Seca.
Aquí viene la parte dura de la excursión. Primero con un desnivel no demasiado pronunciado pero largo y constante, sobre tierra de poca firmeza. A esto se suma, bastante más adelante, un desvío hacia la izquierda que nos remonta con una pendiente bastante pronunciada, cubierta de pinos y algunas encinas, hasta las alturas más prominentes de la zona.
Ha pasado lo peor.
Toca ahora bordear la falda del promontorio que da fin al barranco para acercarnos al Picacho Alto. De nuevo nos encontramos alg√ļn tramo que requiere paso sosegado y firme apoyo del pie.
Cuidado que aquí también escurre un poco.
Nos damos un descanso en la zona para comer y disfrutar de las vistas justamente conquistadas. Estamos en el corazón de los Alayos y podemos contemplar el Corazón de la Sandía, el Picacho Alto, el Sauco, bien a lo lejos, la Boca de la Pescá y el sendero que la enlaza con el principio de nuestra excursión.
Picacho Alto.
Boca de la Pesc√°, apenas se intuye el puesto forestal en la alto.
Corazón de la Sandía.
La grandeza del paisaje y el fotógrafo intentando captarla.
La sierra y la luna.
Entre el Picacho Alto y el Sauco comienza nuestro descenso, tras considerar que la oscuridad temprana de estos d√≠as desaconseja coronarlos, pues nos expondr√≠a a una bajada arriesgada con poca luz. Desde esta vertiente del macizo monta√Īoso se alcanza a ver incluso el Lucero.
Descendiendo. Pista que seguiremos articulos de monta√Īa y muy a lo lejos, El Lucero.
Continuamos y pronto llegamos a la pista que vamos a seguir durante un corto tramo, para introducirnos en un agradable sendero que se esconde entre los abundantes pinos y que nos lleva hasta la ermita vieja.
Ermita Vieja.
Echamos un trago en la fuente que allí hay y volvemos a descender, otra vez por pista aunque de area ocre. Se puede seguir un sendero zigzagueante que se adentra algo más en el pinar, pero por cuestiones de tiempo preferimos la ruta más directa, que tampoco está exenta de encanto.
Y de este modo vamos acercándonos a Dílar, esta vez cuesta abajo, lo que nuestros pies y nuestras rodillas seguramente se encarguen de recordarnos a estas alturas.
En dirección a Dílar.
Al girar la cabeza contemplamos, por √ļltima vez, la imponente monta√Īa.
Por fin llegamos a la otra ermita, la que tiene Dílar casi en el límite de su población.
Ermita de Dílar.
En este punto terminan nuestras andanzas dado que nos recogieron en coche, si bien la alternativa hubiera sido caminar hacia el inside del pueblo para coger un autob√ļs de regreso. La excursi√≥n ha tenido cierta exigencia pero lo visto y vivido son sobrada recompensa. Queda pendiente el reto con el Picacho Alto para una futura ocasi√≥n.
Gracias a Alicia por sus fotos.
Publicado el
Excursión realizada el día 13 de diciembre 2015.
Se trata de un trayecto de dificultad baja que da comienzo y finaliza en el pueblo de Rest√°bal. La distancia cubierta gira en torno a los 10 km.
Esta excursi√≥n resulta un tanto at√≠pica para lo traditional en el club Senderos y se debe a que coincid√≠a con una comida de Navidad y despedida del a√Īo, lo que nos obligaba a acortar el itinerario para llegar a tiempo al restaurante.
Comenzamos en el pueblo de Restábal, muy cercano al embalse de Béznar, ya en el Valle de Lecrín. Allí se aprovecha la GR-7, esa ruta de la que ya anduvimos un trecho no hace mucho en la zona de las Alpujarras orientales, cuando estuvimos en Laroles y Válor Saleres, el siguiente hito del itinerario, se encuentra a un kilómetro y medio de vergel Mediterráneo a base de parterres de naranjos y limoneros, todos ellos henchidos de frutos de buen colour. En otras épocas la zona debe ser embriagadora con el olor del azahar.
Los mapas marcan que esta parte de la GR-7 tiene el nombre de Calle San Cristóbal, hasta que se junta con la carreteruela GR-3300. Prácticamente, toda esta parte es llana y se dirige, en dirección oeste, hasta llegar a Saleres en un corto espacio de tiempo.
Dejamos el pueblo de Saleres por su linde sur, atravesando el puente sobre el r√≠o Albu√Īuelas. Desde ese momento, juguet√≥n, el r√≠o nos ir√° entrecortando aqu√≠ y all√° el camino, el cauce que √©l mismo no llega a cubrir.
Sorteando el r√≠o Albu√Īuelas.
Avanzado un trecho vemos en dónde se apaga parte de su caudal y es que la mano del hombre ha construido una presa que limita el posible furor de sus crecidas.
La presa.
Sorteamos la construcci√≥n y dejando a la izquierda alg√ļn que otro sendero de dudoso pero atractivo recorrido y a la derecha el legamoso estanque formado por la presa. Falta poco para llegar a Albu√Īuelas, el punto m√°s occidental de nuestro camino.
Otros senderos para recorrer en el futuro.
En este momento nosotros nos apartamos y cruzamos un parterre privado, donde descansamos, con la anuencia de la due√Īa que era, a la postre, nada menos que nuestra gu√≠a. Los que quieran imitar nuestra excursi√≥n deber√°n llegar hasta Albu√Īuelas y seguir la margen del r√≠o, que en esa zona cambia el nombre a Saleres, seg√ļn dice Google Maps, y superar el puente de su lado m√°s hacia el oeste, para comenzar la ascensi√≥n por el sendero que nosotros cogimos tras el desayuno.
Toca subir, porque nos vamos a elevar por encima del valle. Un sendero agradable y no demasiado empinado nos va tomando la medida. En su ribera comienzan a maridarse, junto a los cítricos, los olivos, algunos cargadísimos de aceitunas que ya toca recoger, como vimos en directo. También algunos almendros, estos ya bastante pelados y con alguna almendra agarrada a la rama, como negándose a reconocer que llegó el invierno. No sin razón, vistas las temperaturas y la pluviosidad.
Todo el ascenso nos lleva a atravesar el Barranco de las Cabezuelas, coger una pista forestal y superar el Arroyo de las Adelfas. En estos tramos la pendiente sigue subiendo para dejar atr√°s el valle y nos deja finalmente en la llanura superior, en un paraje menos frondoso y m√°s seco.
Vista hacia el sur. Detrás de nosotros estaría el valle.
Va llegando as√≠ el ultimate de la pendiente, momento en que dejamos de dirigirnos al sur y cogemos la pista que nos va a devolver a Rest√°bal. De camino vemos desde lo alto, no demasiado lejos, como echados al sol, Albu√Īuelas, Saleres y el propio Rest√°bal.
Curioso el detalle del tejado de la Iglesia, con sus tejas m√°s claras haciendo una cruz que solo puede verse desde lo alto.
Ya casi hemos terminado. M√°s tarde cogemos un sendero que desciende zigzagueando hasta el suroeste de Saleres y cuando nos queremos dar cuenta estamos de nuevo en el puente sobre el r√≠o Albu√Īuelas.
Deshacemos el trayecto y llegamos con tiempo sobrado para disfrutar de la comida.
Publicado el
Excursión realizada el día 6 de diciembre 2015.
Se trata de un trayecto de dificultad media que da comienzo y finaliza en el Barranco de San Juan (G√ľejar Sierra). La distancia cubierta fue de unos 20 km.
El frío lógico, de diciembre, de la sierra y del río, nos dio la bienvenida a los componentes del club cuando bajamos de los coches en el Barranco de San Juan. Para entrar en calor, una vez nos reunimos todos, nada mejor que comenzar a caminar a paso vivo. Atravesamos el puente que supera el Genil, que baja ruidoso y rápido pese a la poca lluvia, y comenzamos a ascender lentamente, siguiendo la Vereda de La Estrella.
Inicio de la travesía.
No es mucho el tiempo que nos dirigimos, por esta vereda, hacia el este, pues a poca distancia tomamos un sendero que gana rápidamente desnivel. Por ese camino, en parte paralelo al Barranco de San Juan, pasamos primero junto a La Hortichuela y, algo después, por el Cortijo del Hoyo.
Ascendiendo.
G√ľejar Sierra en la lejan√≠a.
Si he dado el calificativo a la excursi√≥n de dificultad media se debe a toda esta primera parte, bastante empinada. Pero todo el esfuerzo que supone la subida va quedando compensado por las magn√≠ficas vistas que se nos ofrecen y por la compa√Ī√≠a ineludible y agradecida, en toda la zona, del roble llamado melojo, que enmoqueta con sus hojas lobuladas marrones grandes extensiones del sendero y nos presenta un tipo de bosque bastante distinto a los frecuentes pinares.
El Cortijo del Hoyo consiste hoy día en un paraje muy agradable en el que reposan los restos de algunos muretes de piedra vista, viejo recuerdo del cortijo que da nombre a la zona.
El pasado de los cortijos de esta zona de la sierra.
Sirve tanto de mirador como de cruce de caminos, puesto que desde este punto parten, por un lado, el sendero hacia Haza Mesa y, por otro lado, el sendero hacia Caba√Īas Viejas y los Cortijos del Hornillo. Este segundo es el que nosotros tomamos una vez hecho un breve descanso.
Seguimos por la llamada Loma del Muerto por el senderillo m√°s bien estrecho que nos lleva al siguiente punto del itinerario.
Sendero por la Loma del Muerto.
Por entonces me advirtieron algunos de los veteranos del grupo, que ya han hecho este camino en otras ocasiones, que pese a su aparente bondad y su trazado poco empinado (con alguna cuesta que otra, no obstante), en tiempo de nieves y frío es posible encontrar tramos difíciles de transitar por la concentración en algunos puntos de hielo, especialmente por donde bajan aquí y allá riachuelos desde lo alto. En esta ocasión hacía frío pero este invierno ha sido particularmente poco lluvioso y el calor se mantuvo hasta noviembre, de modo que no hay problemas y se puede contemplar con tranquilidad, mientras se camina, la perspectiva que se abre hacia el barranco.
Pasado un rato alcanzamos el desv√≠o hacia Caba√Īas Viejas que al parecer queda a medio kil√≥metro bajando desde ese punto. No obstante nosotros seguimos directos hacia los Cortijos del Hornillo (algunos los nombran en singular pero los carteles que nos encontramos prefieren el plural) que a buen paso no tardan en aparecer junto con unas espl√©ndidas vistas tanto del otro lado del barranco como de la Alcazaba y el Mulhac√©n.
Cortijos del Hornillo, vigilados por los colosos de Sierra Nevada.
Despertar en el refugio, salir a la puerta y contemplar la inmensa mole de la Alcazaba debe ser indescriptible. ¬ŅCu√°ndo lo hacemos?
Vista del conjunto desde el lado contrario.
Los Cortijos del Hornillo consisten en la actualidad en la adaptación de las dependencias de un antiguo cortijo a las funciones de refugio. Un whole de tres estancias distintas, al menos una de ellas con chimenea, otras dos con mesa, todas algo oscuras, suficientes para dormir (alguna contiene litera de tablas de madera). En nuestra visita la más alargada tenía un par de sacos de dormir extendidos y diría yo que ocupados aunque, de ser así, ¡vaya horas!
Pues bien, si desde aqu√≠ la vista es realmente grandiosa, lo que nos espera poco m√°s adelante, siguiendo el sendero, deja sin palabras. Como bien me advirti√≥ uno de los compa√Īeros del membership, lo que se presenta ante el caminante te doblega y el paisaje te exige que te detengas y lo contemples, casi como una orden mental. Da igual lo que est√©s haciendo pensando, la vista queda atrapada ante la grandiosidad a la que, tristemente, ninguna foto descripci√≥n puede hacer justicia.
Es hora de continuar aunque el cuerpo se resista a dejar de mirar y a disfrutar el momento.
Siguiendo el mismo sendero de nuevo en dirección este afrontamos un descenso que se va volviendo cada vez más pronunciado. Los troncos de algunos robles, cortados y abandonados en el camino, junto con la abundante hojarasca, vuelven algo resbaladizo y dificultoso el avance que hubimos de afrontar con cierto cuidado.
Peligro: le√Īa suelta.
Finalmente llegamos a la confluencia de este sendero con la Vereda de la Estrella, a la altura de los restos de habitáculos para aquellos mineros que explotaron en su tiempo las oquedades que dan nombre al sendero. Un tanto irónico el nombre, a poco que se conozca cómo se vivía allí y cómo llegó el closing de la actividad minera, pero esa es otra historia.
Una dos curvas m√°s adelante desciende el Guarn√≥n. All√≠ atraviesa un puente y hay un peque√Īo rellano donde se puede comer hacer un descanso oyendo el discurrir del agua que baja impetuosa desde las cercan√≠as del Veleta. As√≠ lo hicimos nosotros.
Puente sobre el Guarnón.
A partir de aqu√≠ iniciamos el regreso hacia el Barranco de San Juan utilizando la Vereda de la Estrella, a la izquierda la falda de la monta√Īa, a la derecha la pendiente hasta el Genil, que aparece a la vista de cuando en cuando, entre los muchos √°rboles que crecen en sus m√°rgenes. En ocasiones el camino es encerrado por ramajes y parece transportarnos qui√©n sabe a qu√© paraje de alg√ļn tenebroso cuento de los hermanos Grimm.
Pero es solo un espejismo y tras pasar junto al abuelo, el viejo casta√Īo que descansa a un lado del camino ajeno a las idas y venidas de turistas y excursionistas, llegamos sin m√°s novedad hasta el inicio de la excursi√≥n.
Muchas gracias a todos los componentes del membership Senderos por su camaradería, su generosidad (hablaba la semana pasada de membrillada y mira por donde, esta semana pude catar del que trajo Pilar), sus consejos, su guía y por convertir este proyecto de weblog, con sus comentarios y su participación, en un lugar compartido.
Las fotos de esta entrada, incluído el itinerario y el gráfico de desnivel, son de Angus y Rafael.
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